Unos Presupuestos que comprometen la recuperación

27 noviembre, 2020   0 Comentarios

Es difícil pensar en una situación más compleja que la actual para elaborar unos Presupuestos Generales del Estado. Estos deben reflejar el plan económico del Gobierno para un ejercicio determinado, claro que sí, pero a la vez deben votarse en el Parlamento en términos de equilibrio entre ingresos y gastos y en un contexto temporal de sostenibilidad si no se quiere incurrir en desequilibrios fatales para el futuro, comprometer el bienestar y crecimiento de los años siguientes y actuar, aunque no esté de
moda este lenguaje, con lealtad respecto a la oposición y futuras generaciones. “Matar de hambre a la bestia” es expresión americana para expresar que mediante un déficit insoportable a medio plazo, se ata de manos y pies a quien tendrá que resolver el problema porque no tendrá espacio para más deuda ni déficit con que gestionar la situación en el futuro, si admitimos una sana alternancia en el poder.

Dos consideraciones a lo anterior. La primera es que estos Presupuestos deben cubrir de manera excepcional una situación única derivada de una pandemia de efectos económicos y sociales devastadores y, por tanto y así se autoriza a nivel Europeo, con “barra libre” para atender estas necesidades. Es una excepción a las reglas de recto comportamiento por tratarse de una situación excepcional.

La segunda consideración es que se debe administrar esta excepcionalidad
como tal y no incurrir en un déficit estructural, que es nuestro caso, que comprometa el futuro, sin medidas correctoras. Es decir, hay que conciliar la presión del corto con la debida flexibilidad pero contemplando un horizonte plurianual que no debe comprometer la necesaria consolidación
fiscal. Con ello, las medidas correctoras deben anunciarse y comprometerse, siendo la más importante la mejora en la eficiencia del gasto público que algunas instituciones cifran en el entorno de los 50.000
millones de Euros. Gastos e inversión excepcionales sí, invertir,
también, pero con lealtad para todos los ciudadanos que, además, la exigirán en el futuro.

Pero vayamos a cuestiones concretas que complementan los principios elementales hasta aquí enunciados, siendo la consideración clave es: ¡Qué difícil!

¿Cómo dibujar un escenario central macroeconómico para 2021 si todo se ha movido otra vez con la segunda ola Covid? ¿Cómo compaginar medidas excepcionales de ingresos y gastos con un escenario de cobertura obligada de necesidades sociales pero con el imperativo de no comprometer
irremediablemente el futuro? ¿Cómo coordinar nuestro dibujo presupuestario con nuestro entorno, el de la Unión Europea? No conviene y,
por tanto no podemos ir en solitario. Valga como ejemplo que somos el único país en plantear una subida de impuestos que es lo menos indicado, como han entendido nuestros socios, en una situación como esta.

¿Cómo atender la unanimidad de crítica de muchos aspectos concretos que se hace a puntos importantes de estos Presupuestos, por parte de Institutos Públicos, Privados y Prensa, lo que es una clara señal de alarma? Así lo han hecho Banco de España, AIReF, FMI, UE etc. Es que el Parlamento solo está para traficar votos contra cuestiones puntuales, olvidando a la mitad de la ciudadanía y, sobre todo, las cuestiones estructurales sobre las que
insistimos desde el principio de este artículo.

¿Cómo introducir un verdadero debate que permitiera un Presupuesto, por supuesto de la mayoría gobernante, legítima claro, pero a la vez atendiera las cuestiones estructurales que nos afectarán a todos? No es suficiente
con las buenas intenciones que el Gobierno anuncia en su resumen ejecutivo. Un país más justo, más productivo, más ecologista y más feminista. ¡Muy bien! ¿Y quién no quiere esto? pero, ¿qué pasa si la herramienta, el Presupuesto, no solo no sirve para esto sino para, incluso, lo contrario?

Y aquí es donde entran los puntos de debate que con tanta unanimidad se han señalado por nuestras instituciones públicas con merecida reputación de objetividad, Banco de España y AIReF, y otras internacionales, así como el sector de la comunicación y el sector privado.

Como desde el Círculo de Empresarios señalamos en nuestro documento PGE 2021: Un déficit estructural que compromete la recuperación, unos presupuestos tan desequilibrados entre ingresos y gastos no serán válidos para ejercicios posteriores, cuando se reinstauren las reglas fiscales ahora suspendidas y, por ello, no deberán ser prorrogados. Por esto, es fundamental acompañar estos Presupuestos Generales del Estado con un compromiso explícito de acometer una senda de consolidación fiscal en los
próximos años que nos permita retornar a niveles sostenibles de déficit y deuda pública que sean compatibles con el crecimiento y generen certidumbre y confianza en los inversores y mercados. Leales con nuestros socios y con la siguiente generación.

Pero como decimos, insistimos, esta consolidación solo será alcanzable si se acomete el ambicioso programa de reformas estructurales pendientes, ampliamente compartido por los partidos políticos y la sociedad civil, que nos permita fortalecer la competitividad de nuestra economía y nos coloque en la senda de crecimiento que necesitamos para la creación de empleo de calidad, más sólida y sostenible y, a su vez, que genere los recursos necesarios para financiar nuestro Estado de bienestar futuro.

Para terminar, y resumiendo, volvamos al título. Un déficit estructural de aproximadamente 70.000millones de euros que se suma al de este ejercicio 2020, compromete muy seriamente el Estado Social, del Bienestar que todos
queremos, si no se acompaña de un programa plurianual de acciones concretas de corrección, reformas estructurales que, estas sí, y no un nuevo pacto de emergencia, asegurarán los fines que todos compartimos. Pero esas reformas no están en estos Presupuestos, ojalá sí en el futuro.


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