La mente de los justos

Uno de los aspectos más llamativos de los últimos tiempos ha sido la revancha que las emociones se han tomado de la razón. Lo hemos visto en política, con el auge de movimientos nostálgicos, populistas y nacionalistas. También en lo económico, con la vuelta de recetas proteccionistas que sabemos que nos llevarán al fracaso. Todo apela ahora al estómago, y el éxito está ahí. ¿Qué ha pasado?

Sin duda han influido la crisis económica, política y, finalmente, institucional. El mundo estuvo realmente al borde del precipicio en 2008. Además, todo ello ha tenido lugar en medio de un sistema mediático transformado por las redes sociales y medios digitales con los que, a veces, nos hemos comportado, como sociedad, como niños con un juguete nuevo.

Pero, para Jonathan Haidt, un psicólogo social con una importante experiencia académica, todos estos hechos son manifestaciones de algo más profundo. Nos lo cuenta en La mente de los justos, que en España acaba de publicar la editorial Deusto, aunque el libro se publicó en inglés hace siete años. El subtítulo es bastante elocuente de lo que nos cuenta Haidt en sus casi 500 páginas: “Por qué la política y la religión dividen a la gente sensata”.

Eso es, sin duda, lo que ha pasado durante estos años. Las querellas políticas se han exacerbado. Fuera de Occidente, también las religiosas. Haidt reconstruye la historia de la humanidad, y se sirve de estudios de campo y de investigaciones para hacer un análisis genético, histórico y antropológico del ser humano y su tendencia al tribalismo y al gregarismo. La evolución nos ha hecho así. En algún punto importante de nuestra historia (especialmente, durante la revolución neolítica), la hostilidad del medio hacía más fácil perdurar a aquellos grupos que permanecían unidos. Esos atavismos están marcados no sólo en nuestras costumbres, sino también en nuestros genes.

Eso nos hace emocionales, y nos conducen a razonamientos post hoc de decisiones o posicionamientos que adoptamos por instinto. Primero la emoción, después el argumento racional de esa emoción. Somos, en definitiva, menos racionales de lo que nos gusta pensar. Y hemos de asumirlo y lidiar con ello. La lucha de la razón es, primero, una lucha interna nuestra. La supervivencia nos ha traído hasta aquí, pero ese atavismo puede también poner en peligro nuestra convivencia. Este libro, entretenido y sólido, nos alerta del peligro, pero también nos da más armas para conjurarlo.


Deja un comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada. Rellena los campos *