Economía, ciclos y decisiones

Marzo 2016

En la actualidad existen pocos puntos de acuerdo a nivel político, social o económico, pero sí que quizás podamos ponernos de acuerdo en que entramos en tiempos de un cambio profundo que parece ir más allá de una mezcla desafortunada y más o menos aleatoria de factores coyunturales. Para poder comprender mejor el contexto, valorar adecuadamente las opciones disponibles, ver sus consecuencias y poder tomar decisiones, creo que es necesario entender más que nunca el escenario.

En este sentido, es útil usar una teoría simple como la de los ciclos de Kondratiev, quien anticipó la Gran Depresión de 1930 y fue ejecutado por Stalin, entre otras razones, por predecir la supervivencia del capitalismo a la Gran Depresión. Buenos aciertos de su teoría de ciclo económico largo, en el que identificó cuatro fases. En la actualidad, estaríamos moviéndonos de una fase 3 “otoñal” a una fase 4 más “invernal”, es decir, a una fase de depresión seguida de un largo período deflacionario. La comprensión profunda de las dinámicas de estos ciclos largos ha preocupado a muchos economistas, que han intentado comprender sus causas en los sistemas capitalistas. Para algunos, como Joseph Schumpeter, el énfasis se encuentra en las revoluciones tecnológicas; otros se centran en la importancia del crédito y la deuda excesiva; algunos teóricos destacan el problema de la demanda; y otros el de la oferta y, finalmente, otros enfatizan la importancia de la demografía y sus efectos en el consumo. Otros un poco de todo…

Independientemente de la visión de cada uno, creo que es fundamental no perder una perspectiva de largo recorrido para enmarcar adecuadamente las opciones y decisiones sobre las diferentes políticas que se nos presentan en la actualidad. Esto permite valorar las diversas opciones insertas en un marco que trasciende la adopción de políticas centradas únicamente en el corto plazo, puesto que decisiones económicas que pueden tener sentido para paliar problemas acuciantes en la actualidad y que además, resuelven en muchos casos retos electorales, pueden ser contraproducentes si ampliamos el foco temporal. Suele suceder.

Los debates sobre las políticas más adecuadas para reactivar el crecimiento son un buen ejemplo. ¿Políticas de oferta o de demanda? ¿Qué política monetaria? ¿Qué consecuencias tiene a corto, medio y largo plazo la flexibilización cuantitativa? Los Gobiernos y Banco Centrales tratan de intervenir, con resultados positivos hasta ahora, en el ciclo largo mediante políticas fiscales, monetarias y regulatorias de gran intensidad. Estimular la demanda debería producir resultados positivos en términos de crecimiento: de acuerdo en el corto plazo. Pero no resuelve el problema de la actual masa de deuda privada y pública de imposible retorno: falta capital y no ayuda la deflación derivada del proceso de corrección de la misma. Quizá estemos en un proceso de destrucción creativo, como ya indicaba Schumpeter, que seguramente tendrá efectos negativos no solamente en el presente sino en la proyección del crecimiento futuro marcado por la histéresis. No hay más “deus ex machina” para resolver la situación que un largo período de corrección o un gran impuesto encubierto en forma de gran inflación. Los demás mecanismos, teóricamente posibles y de los que hay triste experiencia, deben ser evitados.

“Estimular la demanda debería producir resultados positivos en términos de crecimiento, pero no resuelve el problema de la actual masa de deuda privada y pública de imposible retorno”

Además, el ciclo se perturba por cambios exponenciales de efectos también exponenciales, derivados de la revolución tecnológica. No es casualidad que el Foro Mundial de Davos de 2016 haya dedicado gran parte de sus debates a la Cuarta Revolución Industrial, porque los cambios tecnológicos tienen múltiples consecuencias no sólo económicas sino también políticas, sociales y culturales.

Son tiempos de decisiones estratégicas para las empresas, quizás también para las ciudades y los países, porque las oportunidades serán también exponenciales. Los que identifiquen con acierto la línea de acción y tengan el coraje de ejecutarla serán ganadores por muchos años y varios ciclos más. Los que no, perdedores por mucho tiempo. El término medio no abundará. De nuevo, nos encontramos entre las necesidades acuciantes de la situación presente y las posibilidades inciertas, pero fundamentales, del medio y largo plazo.

Entretanto, el entorno es conflictivo: más activismo político, más regulación e intervención, más gasto público y más deuda que pedirá la mala receta de un incremento de la presión fiscal, cambios profundos en pautas de consumo y aversión generalizada al riesgo. Todo ello, hasta que los niveles de deuda privada y pública no se ajusten al capital disponible mediante la oportuna crisis o por una larga travesía del desierto. En el camino, un peligroso cambio de valores que propiciará ideologías simples y fuertes, elixires curalotodo.

En el caso europeo, la U.E. refleja estas tensiones. El auge de posturas antieuropeas pero también crecientes críticas desde sectores antes claramente europeístas, pone en jaque los próximos pasos para la integración. BREXIT, GREXIT, NEXIT frente a una Europa a 4 ó 5 velocidades cobran fuerza como posibilidades reales o, cuanto menos, desestabilizadoras, rémoras para el avance en la integración. ¿Qué hacer? Es necesario crear un núcleo duro de países europeos: los seis fundadores, más España y Polonia, de acuerdo con el modelo de cooperación avanzada del Tratado de la Unión Europea me parece una propuesta plausible. Los demás, en círculos más periféricos.

“Es necesario crear un núcleo duro de países europeos: los seis fundadores, más España y Polonia”

Por último, para que la demanda vuelva a funcionar con fundamentos sólidos y no meramente derivados de política monetaria, las rentas del trabajo deberán recuperar su parte en la creación de riqueza, perdida en estos últimos años a favor del servicio de la deuda y retribución del capital. Para ello, la reducción de la deuda a niveles adecuados al capital y la productividad del sistema existente es un paso previo que llevará su tiempo.

En consecuencia, conviene comprender mejor la situación actual de cambio para poder actuar, y prepararse para un futuro incierto. Continuará… Mientras, es crucial ser conscientes de los debates globales que se producen en el ámbito económico y político.