Una reflexión sobre mi participación en la presentación y prólogo del libro de Carlos Domingo 

Criptomonedas y blockchain.

Que vivimos una era de incertidumbre es un hecho. Pero también lo es que estamos atravesando unos años fascinantes que están definiendo cómo será el mundo en las próximas décadas. Cada día aparecen innovaciones imprevistas en los informes del año previo, nuevos conceptos ante los que primero reaccionamos con sorpresa pero que, al poco tiempo, comienzan a resultarnos familiares y los adaptamos en nuestros comportamientos rutinarios. Pensemos en las apps de mensajería o en las redes sociales. Y entre las más extraordinarias de los últimos tiempos se encuentran las criptomonedas y la tecnología que la sustenta, el blockchain.

A ambos asuntos ha dedicado Carlos Domingo su reciente Todo lo que querías saber sobre bitcoin, criptomonedas y blockchain y no te atrevías a preguntar” (Temas de hoy), un libro que he tenido el placer de prologar y que a finales de mayo presenté en Madrid junto a su autor. Domingo no es un recién llegado, y habla con la propiedad que le da su bagaje intelectual y su experiencia profesional. En 2017 fundó SPiCE VC en Dubai, venture capital especializado en blockchain y cripto monedas como Bitcoin o Ethereum. Un repaso a su currículum es necesario para despejar los recelos que tantas veces levantan los nuevos conceptos y productos en mercados y consumidores de naturaleza conservadora. También fue presidente y consejero delegado de Telefónica I+D y CEO de Nuevos Negocios e Innovación de Telefónica Digital. También fue miembro del consejo de administración de Telefónica Digital, Telefónica Ventures, Jajah, Tokbox y Tuenti. Doctorado en Ingeniería Informática por la UPC, y Máster en Ingeniería Informática por el Tokyo Institute of Technology.

Teniendo semejante trayectoria, y unos conocimientos técnicos al día que son difíciles de resumir aquí, mi labor tanto en la presentación como en el prólogo fue la de resaltar las ideas histórico-políticas que sustentan esta innovación fascinante. De despejar las dudas sobre su viabilidad, su deseabilidad y su sostenibilidad, Carlos Domingo ya se encarga con una capacidad pedagógica inusitada. Sin duda, tanto el blockchain como las criptomonedas lo necesitarán, porque aún son frecuentes las críticas y los miedos tras unos años marcados por las críticas a los activos menos conocidos del mercado, al que injustamente se le ha echado la culpa de toda la crisis. En una era de demonización de todo lo financiero, perfiles como el de Carlos Domingo han de dar un paso al frente y asumir un cierto papel de liderazgo defendiendo ideas nuevas.

Libertad y orden espontáneo

Lo que intenté explicar en el prólogo es que las criptomonedas son viables. No conocen ya ninguna barrera tecnológica –ahí está el blockchain– sino una casi más dura de dbierribar: la político-cultural. Ya hemos mencionado el recelo generalizado con los mercados tras los años de la crisis, pero esto sería más o menos superable a medio plazo. La gran barrera es política, es una lucha de poder. Las criptomonedas, basadas en la confianza y sin ninguna autoridad central en forma de banco prestador de última instancia y que fija los tipos de interés, van al corazón del monopolio de la emisión de moneda, uno de los corazones del poder de los Estados-nación.

No hay duda de que habrá que estar a los efectos burbuja o medioambientales que esta innovación puedan suponer. Pero, cabe preguntarse, ¿no sucede esto con cualquier producto del mercado a los que sí damos la bienvenida? Se tratará, más bien, de perfeccionar, de pulir, de generar una cultura financiera distinta, antes que de prohibir o rechazar de plano. Quizá en un futuro lleguemos a la conclusión de que es un mal invento, que no aporta nada, pero no podemos saberlo si no exploramos con prudencia todas sus posibilidades. Es lo que sugiere Carlos Domingo, y es algo con lo que yo estoy de acuerdo.

La historia nos enseña que no todo el progreso de la humanidad exige regulación o normativismo. Que las ideas que nacen y se asientan desde la sociedad civil, con ayuda de progresos tecnológicos inauditos, producen cambios más profundos y estables, más consensuados. Es lo que Hayek, haciéndose eco de una idea que ya estaba en boca de pensadores de la Antigüedad, llamó “el orden espontáneo” en el caos. También Schumpeter habló de la “destrucción creadora”. Las criptomonedas y el blockchain –una tecnología que no agota su uso en temas de monedas– forman parte de esta dinámica en la que los liberales creemos que reside la base para una sociedad mejor, capaz de pensar y actuar por sí misma sin por ello desentenderse del progreso general.