La transición del “deudismo” al crecimiento sostenible

Invitado por la Conferencia de Empresarios de la provincia de Cádiz (CEC), el pasado 23 de octubre tuve el placer de analizar el origen, la evolución y las perspectivas económicas española y europea tras la crisis. Aunque siempre es grato profundizar en estos asuntos, hacerlo en una ciudad como Jerez es un placer añadido que agradezco a Javier Sánchez Rojas, presidente de la CEC.

Salvar la bola de partido   

Insistí en la gravedad de la crisis económica sufrida. Y esto parece una obviedad que sin embargo debemos tener siempre presente cuando analizamos las decisiones fiscales y monetarias que se han tomado en la última década.

¿Por qué es tan importante recordarlo? Porque uno de los riesgos que  corremos es el de olvidar que muchas de esas medidas de urgencia no son sostenibles. Cumplieron una función esencial: nos sirvieron para

Conferencia de Empresarios de la provincia de Cádiz (CEC), 23 de octubre de 2017

salvar una bola de partido dificilísima, y es de justicia reconocerlo y valorar el trabajo de aquellos que tuvieron que tomar decisiones audaces en momentos muy complejos, también en el panorama político.

Pero estamos ya en otra etapa y es necesario reflexionar con más perspectiva ahora que hemos ganado un tiempo precioso –e irrepetible– para cambiar defectos estructurales del edificio. Hemos conseguido apuntalarlo para que no se derrumbe, pero ahora toca reformarlo. Esta idea es uno de los pilares de mi libro Por un crecimiento racional, donde ya estaban presentes muchos de los argumentos que he ido exponiendo estos últimos meses.

Es necesario, urgente, pasar del “deudismo” con el que paramos el tsunami a un crecimiento basado en la productividad, el ahorro y la inversión. Con unos tipos de interés no artificiales que reflejen el estado real de las economías y no distorsionar así la toma de decisiones de los distintos agentes económicos.

El riesgo de complacencia es alto, y humanamente comprensible tras muchos años de estrés y angustia social. La popularidad de la idea que asocia crecimiento y expansión monetaria y deuda se explica más por el alivio de la situación dejada atrás que por la realidad compleja de la economía. Es nuestro deber explicarlo en foros como el del CEC, o el Hay Festival de Segovia en el que tuve la ocasión de participar hace unas semanas.

La necesidad de ser pedagógicos

Es por eso necesario ser didácticos y persuasivos en la defensa de unas ideas económicas alternativas a la deuda y la expansión monetaria que muchos ciudadanos consideran esenciales en el cambio de ánimo económico. Y lo fueron, pero no pueden seguir siéndolo. No basta con tener razón, sino desplegar bien los argumentos teniendo en cuenta la naturaleza humana.

Muchos analistas y decisores políticos y económicos han pecado de frialdad y, diría, de poca paciencia pedagógica. Es parte de la derrota de unas ideas frente a otras, y es necesario retomar esa batalla de las ideas. Con esto en mente insistí en denunciar –como he hecho en otros foros y con más detalle en el libro– el mileurismo al que las actuales políticas económicas condenan a una generación. Y en cómo la deuda condena a las siguientes a pagar unos recibos que no les corresponden. ¿Tenemos derecho a ello?

La vuelta de los valores

Quizá la pertinencia de esta pregunta refleje mejor que cualquier otro argumento uno de los puntos en los que más hay que esforzarse: la vuelta de los valores a la acción política, económica y social. La crisis económica tiene un trasfondo moral evidente que, sin embargo, no se está denunciando y reparando con la insistencia necesaria.

Esa mezcla de falta o debilidad de valores morales, más unas medidas que salvaron la situación pero que condenan el presente a la mediocridad salarial y la falta de expectativas, es responsable del auge del populismo político y económico. Algo que dificulta la corrección del rumbo pero que, al mismo tiempo, lo hace más necesario que nunca.